Soñando entre aquella red de hilos gruesos balanceada en el aire.
- Sissi Arencibia
- 20 mar
- 4 Min. de lectura

Ser uno mismo en un mundo que intenta convertirte en algo diferente no solo es el mayor de los logros, como dijera Emerson, el poeta estadounidense, sino uno de los desafíos más complejos de la vida.
Tomar el control de nuestra vida para ser lo que somos, mostrarnos como tal, y trabajar para ser felices frente a esa fuerza externa que moldea para convertirnos en parte de un rol, es un esfuerzo que cuesta mucho, pero -sin dudas- es invaluable.
La vida se encargó de ponerme en el camino de esa búsqueda para que fuera consciente de mis elecciones. No me facilitó la manera de entenderlo, más bien me llevó por un sendero angosto para que supiera que lograrlo tenía mucho que ver con el propósito.

Hoy tengo claro que esa ruta llega adonde es tu lugar, que lo que somos es resultado de nuestra elección y que no debes dejar de perseguir tu estrella cuando esa voz susurra dentro, porque ese clamor interno es uno mismo.
Descubrir el gran potencial que poseemos para dirigir nuestras vidas significa libertad. Libertad para elegir aunque, a veces, algunas cosas no nos salgan bien.

Aprender a ser uno mismo es un proceso largo de la vida que nos hace auténticos e irrepetibles, y donde cada experiencia aporta sabiduría y enriquece el propio andar.
No siempre me sentí lista, ni sabía adónde me guiaría mi historia, pero una fuerza susurraba dentro: ¡el mundo es tuyo. Ve por él!
Muchas veces me permití soñar con eso. Al igual que Pilar en su Diario en Grecia, yo también tenía una hamaca mágica, increíble, que vino de muy lejos desde la cual soñar que el mundo era grande y debía ser visto.

Con una mezcla de imaginación, la hamaca de la protagonista de esa historia me llevó muchas veces allende los mares, en dirección a la luz. En mis ensoñaciones el mundo parecía mucho más grande y mi deseo de viajar, también.

De tal suerte que aquella red de hilos gruesos y anchos, que se balanceaba en el aire a modo de bolsa colgante, mecía mis sueños en igual proporción que el vaivén que resultaba de aquella malla, fijada entre dos troncos.
He vivido grandes momentos como resultado de haberme embarcado en lo que yo llamo mi gran aventura.
En ese empeño de desplegar el mapa y volver realidad mis sueños; en la esperanza de llegar cada vez a más destinos y poner una estrella en cada pedacito de él.

He viajado por las leyendas del mundo, descubierto algunos de sus mayores misterios, emocionado con lugares a los que no pensé llegar y, como resultado, he conformado esta especie de bitácora para la posteridad.
Rastreando los secretos de mi laberinto he llorado, reído, sentido la magia y también la ayuda divina. A través de ese proceso supe que encontrarse uno mismo es una aventura arriesgada, pero llena de encanto, porque te lleva a ser mejor.
Mi travesía interior me llevó a sincerarme, a mostrarme tal cual soy, a pulirme para sacar lo más valedero de adentro.
A pretender ser lo más auténtica y legítima en mis pasos, a marcar distancia de manipulaciones, mentiras y a desterrar de mi vida lo falso que anida en la naturaleza humana.

Ya no pretendo ser alguien distinto, ni intento poner máscaras que escondan mi verdadero rostro. Hay cosas que no se pueden fingir, ni imitar; simplemente existen y marcan la diferencia.
Aunque resulte complicado en la vida de hoy, donde se dificulta vivir como tal, el compromiso conmigo misma hizo que me involucrara en lo que creía, sin buscar la aprobación de los demás.
El gusto genuino por los viajes hizo que entendiera lo necesario de seguir mi propio camino, porque eso me llevaría adonde quería, al sitio donde marcan mis metas, distante del ritmo que dictan los otros.

Cuando sabes quién eres, ninguna decisión se riñe con lo que crees que es correcto. Caminas en paz y mantienes la mente abierta para aceptar y agradecer el moldeado que tiene tu vida.
Y por ese placer que se experimenta cuando uno hace lo que le hace feliz es que escribo esta semblanza. Encontrar propósito te lleva a sacarle el jugo a la vida. Es –creo yo- de lo más importante en el devenir de cualquier ser humano.
Descubrir los dones que Dios nos regaló hace que la senda esté llena de luz. Con eso, la victoria está asegurada.
Hace unos años mi querido hermano, quien ha formado parte de esta historia sin proponérselo, me dijo que las personas con propósito se mantienen siempre enfocadas e irradian una luz que es igual a la de un estadio de beisbol en plena noche.
¡No te detengas nunca hermanita! A pesar de que existan pérdidas momentáneas y momentos difíciles, tus dones se encargarán de proveerte y hacerte brillar en lo que fuiste llamada.

No he olvidado sus palabras desde entonces. Ellas están pegadas a los trazos escritos de más valor que guardo conmigo, porque me instaba a recordar que los tiempos y las temporadas no definen la victoria.
“Aunque el invierno sea cruel y ya no tengas, como los árboles, hojas verdes, sino que solo sea el tronco y las ramas, recuerda que solo es una estación, una temporada, que terminará por pasar. Nuestro alimento viene del interior”.
Dijo que muchas veces te miran de afuera y te pueden ver seco, caído o destruido, pero eso no quiere decir que el alimento dejó de fluir, ni que quien te sustenta te dejó. El alimento espiritual es el que define la victoria.
Fue muy estimulante recibir aquella sana advertencia, porque ella habla de propósito, de llamado y en lo personal me instó a buscar el valor genuino, algo en lo que se requiere trabajar, porque tampoco cae del cielo.

Cuando mis pasos alcanzan cualquier destino, la memoria junta muchos momentos y escasamente se permite dejar de lado los pasatiempos de la niñez.
Cuando traslado esas vivencias al papel lo hago desde la visión de la adulta, pero con ese destello mágico que me hacía volar en una hamaca, mientras leía.
Por eso me gusta la vida que tengo. Si en algún momento tengo dudas sobre qué hacer, ya sé adónde voltear: al corazón, a la sangre, a mi vena familiar. Eso no falla.

Una buena y útil lección para todos de cómo poder encontrar el camino ,a través de lo q sacamos d nuestro interior de las experiencias d la vida y poder llegar a lo que verdaderamente nos hace feliz .