El momento más especial y emotivo me lo regaló Argentina.
- Sissi Arencibia
- 16 mar 2023
- 3 Min. de lectura
Conocí por primera vez la nieve en San Carlos de Bariloche, una de las ciudades más famosas y visitadas de la Patagonia argentina.

El contacto con ese mundo blanco y silencioso apareció en mi viaje por sorpresa. Se me reveló de golpe, sin esperarlo, y creo que está entre lo más emocionante que he vivido.
Poder experimentarlo fue algo transformador que me hizo decirme a mí misma una y otra vez, que estaba ahí, que aquello que veían mis ojos en una estación en la que no acostumbra a nevar, era parte de algo mucho más grande.
Cuando aprendes a entrenar la mente, eres consciente que a menudo los pequeños detalles simbolizan experiencias que pueden cambiar a una persona para siempre. Al final esas son las sensaciones que llevo conmigo y que hacen que mis días sean distintos.

Siempre me digo a mi misma que el alma sabe cuál es el plan, y el mío era estar en la Patagonia justo unos de esos días del mes de abril de 2022, que quedó grabado en la memoria colectiva de toda la ciudad por la copiosa nevada.
Había llegado el día anterior con un estímulo diferente, un velo de niebla en el aire y un espejo de escarcha sobre la tierra. Así me recibió esta ciudad, la más poblada de los Andes patagónicos, cuando llegué desde Buenos Aires.
Cuando el auto nos trasladaba desde el aeropuerto y el frío se colaba por nuestros miembros, recordé la recomendación de aquella chica capitalina que insistía en que agarrara una campera más fuerte si iba a viajar a San Carlos.

Juro que me acordé de aquella advertencia, porque lo que para muchos de acá es algo normal y hasta esperado; para alguien que viene del trópico, acostumbrado a las altas temperaturas, el contacto con ese golpe de frío siempre resulta difícil.
La nevada se presentó de golpe esa noche. La divisé en la mañana cuando me levanté para salir de excursión al cerro del Campanario, una panorámica espectacular desde donde se puede divisar el lago Nahuel Huapi y el Perito Moreno.

Dicen que desde ahí hay una vista de lujo hacia esos lagos, rodeados de cerros altísimos y salpicados de islas, pero ese día yo solo alcancé a ver una copiosa nevada que levantaba una gruesa capa del suelo y cubría la vegetación de forma profusa.
A bordo de una aerosilla que te sube a unos mil metros de altura sobre los elevados pinos, yo solo era consciente de que aquellos copos –los primeros de la temporada- eran el mayor espectáculo de ese viaje.

Aquel manto blanco se metió en mi retina de mil formas distintas y cuando mis ojos absorbieron todo lo que necesitaban de él, me refugié en la cabaña que da abrigo, calor, y brinda algo caliente de tomar a todo el que llega arriba.
El circuito de ese día comprendió además una visita a la isla Victoria y al bosque de Arrayanes, ambos pertenecientes al parque nacional Nahuel Huapi, con unas 710 mil hectáreas repartidas en las provincias de Neuquén y Río Negro.
Pero nada de lo que vino después tuvo mayor sentido para mí, porque ese día tuve la experiencia que no había vivido en mis cinco décadas de vida.
El color blanco se adueñó de todo y el verde fue tapado casi completamente, dejando paisajes de ensueño en todo el enclave de la geografía de esa demarcación argentina, con reservas naturales que incluyen lagos, bosques y montañas.
Bariloche es uno de los sitios principales donde se practica esquí en el mundo y es considerado por algunas fuentes como el segundo destino de su tipo. En el cerro Catedral está el mayor centro de esta práctica en Sudamérica.

Ascender las colinas nevadas en busca de retos y sensaciones es uno de los mayores estímulos de la zona.
Conocida como la reina de la Patagonia, también es famosa por la práctica del turismo de aventura, la acampada y el senderismo. Su arquitectura peculiar y las vistas que rodean la ciudad hacen que sea de las preferidas del territorio argentino.

Como casi toda la región, el clima es frío aquí y su paisaje está dominado por la cordillera andina.
Está rodeada por las aguas cristalinas de siete lagos, a los cuales tuve oportunidad de llegar y relataré en la próxima entrega.
La nieve me acompañó en casi todo el trayecto, haciendo del viaje una experiencia única.
El Cono Sur de América regala muchas perspectivas, desde estepas, praderas, desiertos, bosques, hasta glaciares y zonas lacustres.
Es una tierra inmensa con una impresionante variedad de paisajes que se combinan para hacer de Argentina la apasionante nación que es hoy.
Volví extasiada de tanta naturaleza, pero para esta moradora del Trópico la nevada fue el momento más especial y emotivo.

No tengo dudas de tu habilidad en la redacción perfecta q logras en cada experiencia q nos compartes, lo haces con tanta claridad y emoción q desde el inicio d la lectura haces q estemos en cada lugar q describes .
Que experiencia más fría pero bella e interesante a la vez !!.ja ja .. esas vistas son hermosas . Lindos arboles como me gustan en Navidad !. Que satisfecha cuando conoces diversos mundos y naturaleza !!. Me encanta !
Sissita qué bendición que Dios te ha permitido disfrutar de tan bellos viajes y a la vez poder transmitir tus experiencias a tantas personas como yo. Me alegro tanto ver cómo disfrutas esos inigualables parajes y sobretodo conocer esa linda Argentina con su arquitectura maravillosa y sus paisajes llenos de nieve. Felicidades!!!!!
América un inmenso jardín, como la canción, bello el recorrido por Argentina
Que paisajes bonitos excelente mi vida